La honestidad es una retórica de campaña para qué

Quizás, en esta columna, algunos no vayan a encontrar el lenguaje acomodado y prolijo de un profesional periodístico, sino que, con el perdón de mi jefe, el director, me puedo salir de madres, pero con el solo objetivo de dar una opinión de una forma sencilla. Como para que lo entiendan todos; vio.
Pido disculpas, si lo que digo puede herir la susceptibilidad de algunos, pero sepan que lo hago con honestidad moral.
Pero basta de hablarles de mis penurias que, de tantas llevarlas a cuesta, ellas ya se acostumbraron a mí, más que yo a ellas. Y así juntos seguimos andando por los caminos de la vida, solita mi alma penando; esperando “esperanzado”, valga la redundancia, como indio para agacharse cuando se viene el malón.
Si debo decir que tengo suficiente fuerza como para seguir caminando, pero ahora con la intención de compartir, no sólo mis males de pobre, sino las de todos los hermanos que, amén de ir perdiendo su propia identidad cultural y de nacionalidad como país, están siendo ahogados por la falta de empatía y reconocimiento como pueblos que somos, por parte de las autoridades que nos gobiernan.
Nuestro país, nuestra sociedad está enferma de por sí. Enferma de odio, de rencor, de intolerancia hacia el otro que no es de la misma clase, o de un mismo color, religión o condición política. Estamos enceguecidos por el amor al dinero y las cosas materiales y, para conseguirlo, hasta se quiere hacer un pacto con el diablo para hacernos más ricos, pero renunciando a los principios de todo hombre que se precie de ser humano y solidario.
A medida que vamos caminando juntos, en el devenir de los próximos encuentros, vamos a ir dando mayores precisiones de hechos y personajes que detrás de una careta de bondad acomodaticia, ya están dando muestra que querer vendernos gato por liebre… o cambiar nuestra identidad y libertad por espejitos que solo tendrán el destello de un momento antes de que nos estalle en la “jeta” en mil pedazos; como estallido de desilusiones y amarguras por reconocer, que en el fondo, nosotros mismos somos los que creemos en esos reyes magos, que ya no vienen en camello, sino en retóricas promesas incumplidas para robarnos la vida, cada vez más corta y más cruel, antes de morir en la miseria de un país o una provincia que se desangra por la politiquería demagógica de una minúscula clase dominante; esclavizando e hipotecando a la gran mayoría de los argentinos de la presente y futuras generaciones..
Como adelanto les voy diciendo que las políticas de ajuste y entrega de Javier Milei, está llevando el país a un remate de nuestra riqueza nacional y al sometimiento en calidad de esclavos de la gran mayoría de pobres que, aún viven de una esperanza de un futuro mejor que, como dice el dicho popular, ya es más larga (inalcanzable) que esperanza de pobre.
Pero hay que decirlo con todas las letras, estas políticas de ajuste y entrega, tienen sus cómplices, y para peor son aquellos que, no hace mucho tiempo, buscaron los votos de los más pobres para luego traicionar el mandato de todos ellos, levantando la mano a proyectos que van en desmedro de todos ellos. Porque les dan la espalda votando leyes o acompañado las políticas de un gobierno que no sabe de empatía, de vida, de futuro cierto para el pueblo, sino que están con las manos sucias del sudor y sangre de millones de argentinos que están sufriendo el hambre, la marginalidad, el desempleo, falta de salud y que, encima, ahora tienen que hipotecar sus magros haberes para comer, porque ya no les alcanza más que para una comida diaria para sus hijos.
Yo no soy ningún profeta ni soy tarotista para tirarles las cartas de la suerte de nadie; solo acompañar, en este crudo caminar por la vida de mi querida Argentina, a millones de argentinos que además de paz, busca oportunidades y posibilidades de vivir dignamente.
Por eso no me cansaré de decir, y hasta proclamar a los cuatro vientos, que este país está enfermo de honestidad y de ética. Estamos viviendo las consecuencias del tango Cambalache, que es tan presente como en otros tiempos.
La honestidad y la transparencia en el manejo de la COSA PÚBLICA, es el principio de todo proyecto o presupuesto de los candidatos y luego gobernantes de nuestro país y de las provincias y municipio. No puede ser que la ambición de los que hoy ostentan un cargo, haga de su acción de gobierno una forma de rapiñar o robar a como dé lugar, y encima en prejuicio de los más vulnerables como jubilados, discapacitados, enfermos, trabadores y también de los que honestamente apuestan al trabajo invirtiendo en sus pequeño talleres o fábricas.
Ejemplos tenemos en todos los tiempos y lugares de nuestro hermoso país. Pero parece que la justicia solo actúa a favor de los campeones de la moralidad y la ética; de los que dicen, que la honestidad sería una política de estado, y ya están dando muestra de que son tanto o más que aquellos a quienes los acusaban de chorros.
Y, por último, debo decir que lo que tanto insulta, el presidente Milei, al periodista, no hace más que reflejar su impotencia por resolver los problemas importantes del país, donde ningún argentino quede excluido de sus sueños de crecer dignamente como argentinos.
Recuerdo ese slogan de la campaña del año pasado en CABA que decía: “ADORNI ES MILEI…” y ahora, la gran mayoría de los argentinos está diciendo: “NOSOTROS NO SOMOS ADORNI”
Sigamos Caminando junto y a no rendirnos en la lucha por construir un país mejor.
Y a quien le toque esto, de lo que hablamos. que se ponga el sayo y revea su accionar frente a sus hermanos que están esperando que los sorprendan, al menos una vez en su vida.





